Domingo,26 de marzo de 2017

“Sara es la proyección del tipo de persona que me hubiera gustado ser a mí”

Tras la muerte de su madre, Sara vive con sus dos tías. Su padre la abandonó de niña y estudia en un colegio privado rodeada de sus amigos incondicionales. Como toda adolescente, tiene a su amor platónico en clase, el chico popular; y como no, una rival con la que competir.

El universo de Sara parece girar en orden hasta que unas extrañas pesadillas empiezan a perturbar su descanso. Algo o alguien amenaza a la humanidad y Sara, en sus sueños y en su pasado, tendrá la llave de la salvación.

Esta es la propuesta literaria de Andrés Mauleón (Madrid, 1970) con la novela juvenil Sara y el amisario, que estuvo presente en la XXXI edición de la Feria del Libro de Fuenlabrada. Un libro que conjuga amor, ciencia ficción y lo mejor de la literatura juvenil que el escritor ha querido desgranar con Al cabo de la Calle.

¿Cuáles son los puntos fuertes de ‘Sara y el emisario’?

Creo que cada lector encontrará diferentes cosas que podrían agradarle. Hay momentos para la épica, otros para el romanticismo, la nostalgia o el humor. Depende en gran medida del receptor del texto, ya que no es una historia plana. Tiene muchos aspectos, caras y matices, cada uno de los cuales puede llegar a distintos públicos, siempre en el supuesto de que la historia les guste y les enganche lo bastante como para querer leerla. A mí personalmente la parte que más me llena como autor, que ha tenido que releer el texto hasta la saciedad, es el carácter de los personajes. Su forma de hablar, de razonar y de actuar, define una forma de ser, que al interactuar los unos con otros, dan lugar a situaciones que se escribían por si solas cuando las redactaba.

Por lo que he leído, una historia de amor juvenil con toques de ciencia ficción.

La historia comienza siendo una narración normal, de la vida de unos adolescentes, con sus amores, desamores y sus existencias, intencionadamente cotidianas, adornada con pequeñas dosis de fantasía que en un principio apenas se vislumbran. Después todo ira evolucionando hacia un relato fantástico y un tanto sombrío, donde esos personajes con los que hemos empatizado, ya que se ha dado una identificación previa, se ven enfrentados a situaciones y sentimientos extremos que se trasladan al propio lector. 

¿Cómo es Sara y en qué o quién te has inspirado para crearla?

Sara es una adolescente de catorce años que ha perdido a su madre en trágicas circunstancias y que nunca llegó a conocer a su padre. A pesar de eso, todas las mañanas, después de vestirse y antes de abandonar su habitación para ingresar en el mundo real, se pone unos cascos conectados a su equipo de música y revienta una canción contra sus tímpanos, mientras baila y salta como si hubiese enloquecido. Después de eso tiene claro que el día difícilmente irá a mejor, pero su afán por intentar ser feliz no decae en ningún momento. Supongo que Sara es la proyección del tipo de persona que me habría gustado ser a mí. Plenamente consciente de sus imperfecciones, con un decidido propósito de corregirlos, solo equiparable al de no amargarse por ellos. 

¿De dónde nace la idea principal de la trama?

La idea principal del texto consiste en introducir una serie de personajes normales, aunque con una personalidad muy marcada, en una trama fantástica, y ver cómo interactúan en ese escenario. El objetivo es ser lo más realista posible en las reacciones, de tal forma que estas resulten creíbles y eso sumerja al lector en la historia y le haga preguntarse cómo habría actuado él ante las situaciones que se narran, y que van extremándose a medida que avanza la historia.

De todos los ingredientes que tiene la novela (fantasía, amor, el mundo de los sueños…), ¿cuál crees que engancha más al público?

La intención es que no haya un solo aspecto concreto que resalte sobre lo demás, si no que todo fluya y se complemente. Los personajes nos deben gustar y caer bien o mal, porque nos creamos sus reacciones ante situaciones, en este caso propias de adolescentes, y nos deben preocupar cuando los elementos más fantásticos y sombríos irrumpen. Sin lo primero, difícilmente conseguiremos lo segundo. Dicho esto, la novela, como la mayoría de las historias que leemos o vemos en las películas, es una historia fundamentalmente de amor entre dos personajes que tienen la ingenuidad de la adolescencia, que se complementan de una forma que ni ellos mismo son conscientes y que en medio de su historia, se ven enfrentados a una amenaza que no cabe dentro de sus parámetros lógicos.

¿Cómo se innova en un género, el de la literatura juvenil romántica, donde parece todo inventado? 

Innovar, lo que se dice innovar, dudo mucho que pueda hacerse. Lo que si puedes hacer es mezclar de forma diferente los ingredientes que todos conocemos, para darles un sabor único. Creo que eso es algo que todos llevamos dentro, la creatividad. En mi caso yo no tenía ninguna esperanza al empezar a escribir la novela de llegar a publicar algún día, por lo que nunca me preocupé por resultar innovador. Simplemente me limité a escribir aquello que me gustaría leer. Creo que eso hizo que no me atuviese a convencionalismos, ni a estudios de mercado sobre los gustos del público. Escribí lo que en cada momento me pedía el cuerpo. 

¿Qué otras inquietudes literarias tienes a la hora de escribir?

De momento estoy empezando y aún hay que ver a que puerto lleva esta travesía, pero para mí la fantasía es primordial. Es posible que más adelante desarrolle otros gustos más “intelectuales”, pero de momento, si me siento delante del teclado y me esfuerzo en contar una historia, quiero que sea una que me transporte y me deje jugar con la imaginación. 

¿Recuerdas el primer libro que leíste que te marcó?

Recuerdo varios, pero si tuviese que identificar uno, sería Contac, de Carl Sagán. La manera de cuestionarse las creencias, que fue absolutamente pervertida en la versión cinematográfica de Robert Zemeckis, y de dejar de asumir las verdades de otros como propias, para buscar las que si son nuestras, a la edad que lo leí, redefinió por completo mi actitud ante las cosas. 

¿Crees que hay un falso mito de que los jóvenes leen poco?

Creo que los jóvenes leen hoy lo mismo o más de lo que leían sus padres y sus abuelos. Algunos preferirán creer que ahora, con los ordenadores, los móviles o las tablets, pueden tener otras actividades más sencillas y accesibles que les distancien de la lectura. Yo pienso que eso es un error. Posiblemente esos instrumentos nos induzcan a la lectura más que a cualquier otra cosa, aunque no sea a través de los libros. Leemos y escribimos en foros, en Tweeter, en Facebook. Accedemos a todo tipo de textos, periódicos, la Wikipedia… Leemos sin parar gracias a ellos.

¿Y qué pasa con los libros tradicionales?

Si es a los libros a lo que nos referimos, los jóvenes siempre han leído poco, porque se les ha enseñado que leer es una asignatura, no una opción. Si a una persona en edad de formación le trasmites que debe leer El guardián entre el centeno, no porque le vaya a fascinar, sino porque va a suspender si no lo hace, el mensaje que le estarás transmitiendo es que leer es una tarea. Una obligación. Y la conclusión consciente o inconsciente a la que llegará es que si te tienen que obligar a hacer algo, difícilmente será porque resulte divertido hacerlo. Después de eso, tiene que ocurrir algo que te quite esa idea de la cabeza. Descubrir un libro que, sin estar obligado, comienzas y te fascina. Leer aquel que dio lugar a una película que te gustó mucho. Un estímulo que te permita acceder a la lectura por tu propio pie, y disipe la sensación que te han creado de que es imposible que eso te pueda llegar a gustar. Hay gente que lo descubre pronto, sobre todo las mujeres. Otros lo hacen en la madurez y muchos se mueren sin conocerlo.

Tiene solución, entonces.

En mi antiguo colegio, donde estuve hace poco y donde se desarrolla una parte importante de la novela, han implementado una hora al día de lectura voluntaria. En horario escolar, cuando la opción es; eso o recibir una clase normal, se les permite leer el libro que ellos quieran. Convierten una obligación, en una escapada, que es lo que debería ser siempre un libro. Puede parecer una tontería, pero es como cuando hacíamos novillos y nos escondíamos en el cuarto de baño para saltarnos la clase de matemáticas. En condiciones normales, estar una hora encerrado en una habitación estrecha, a cualquiera la parecería un tostón. Pero si era como escapatoria de la rutina y las obligaciones, se transformaba en lo más divertido del mundo. Imagina esa misma filosofía, pero aplicada a la lectura en lugar de a, simplemente, estar escondido en una habitación. Creo que está siendo un verdadero éxito, y pienso que eso explica perfectamente todo lo anterior.