Sábado,27 de mayo de 2017

“Si no tienes recursos, es más impactante lo que no enseñas que lo que enseñas”

En 1976, Peter Bogdanovich rodaba Así empezó Hollywood. Ryan O’Neal, Burt Reynolds y Tatum O’Neal se ponían delante de la cámara para mostrarnos los orígenes del cine. Películas con bajo presupuesto, pero con mucha ilusión y profesionalidad. Un ejemplo de que las grandes empresas nacen de los sueños más pequeños.

Algo muy parecido a lo que ha hecho Israel González en su primera película: Los límites del cielo. El director de Alcorcón, como en su día mostrara Bogdanovich, ha rodado una cinta con 300 euros de presupuesto y una Canon 550D -regalo de su hermano Floren-. A priori muchas limitaciones para un largometraje, pero la profesionalidad del equipo técnico e interpretativo pone de manifiesto que la calidad no necesita de muchos recursos.

“Hacíamos dos tomas como mucho y rodando de noche, en los momentos libres que teníamos. El equipo éramos Quique Novillo con el sonido; mi mujer Raquel, embarazada, con la claqueta; María Maganto, que ha talonado la película y ha hecho un trabajo magnífico para que se pueda ver, y yo que iba con la cámara. Al no haber una industria de cine es muy complicado abrirse paso. Hay cuatro ayudas y se la dan siempre a los mismos. La película ha costado 300 euros y porque cogimos una habitación de hotel. El 80% de los actores son profesionales y amigos que han colaborado mucho. Porque si tuviera que escribir y llevarla a una productora y optar a ayudas, hubiese tardado diez años en hacerla”, nos explica el cineasta alcorconero en su visita a la redacción, donde repasamos los aspectos de su primera película.

Los límites del cielo es un thriller negro de personajes. Historias sucias, de calle, que se entrecruzan. Soy muy fan de Amores Perros y siempre la comparo modestamente (sonríe)”, relata Israel. Y así tenemos a una mujer violada, un misógino, un excarcelario, entre otros, que buscan su lugar en la sociedad. “Son personajes que se autoengañan intentando buscar la felicidad. Hay violencia, pero no se muestra. Como decía Hitchcock, si no tienes dinero ni recursos, es más impactante lo que no enseñas que lo que enseñas. Y estando limitados lo sacamos mejor así. Tiene un ritmo lento, pero los personajes te atrapan. Hay historias que se quedan abiertas por si pudiéramos continuar y en ese aspecto estoy muy contento”.

De la escasez virtud y en ello Madrid juega un papel esencial, ya que sus calles son testigo de las historias que Israel plasma en pantalla. “Hemos rodado cerca de Príncipe Pío, Carabanchel y Aluche. Necesitábamos sitios donde pudiera haber luz por la noche, porque hemos grabado con una antorcha de luz y la cámara. Lugares medianamente iluminados y que estuvieran en conexión con la historia. Pero era una locura. Rodábamos de noche por necesidad y nos hemos dado cuenta de la cantidad de ruido que hay en Madrid a esas horas”, confiesa con una sonrisa.

FESTIVAL DE GIJÓN

La película, con esfuerzo y dedicación, finalmente ha salido hacia delante y participado en festivales de cine como el de Gijón, donde eso sí, el cineasta alcorconero nos confiesa el sabor amargo de esta edición. “Pensaba que era uno de los festivales más importantes de Europa y al final se ha convertido en otro Festival de Málaga. Les gusta mucho el escaparate, pero si no eres asturiano no recoges nada. Es una pena porque vas con una ilusión muy grande de conseguir algo y cuando le dan el premio a un documental hecho por un grupo asturiano te molesta bastante. Entiendo y lo respeto si lo quieren hacer así, pero que no jueguen con la ilusión de la gente”.

A pesar de este bache la vida sigue y en el horizonte de Israel ya hay más proyectos cinematográficos que aventuran buenas noticias.  “Tenemos un guión muy potente para ver si podemos rodar en inglés y tener más oportunidades fuera. Este país es para cuatro directores y poco más, y es una pena. Así que esperemos que sea la puerta para Estados Unidos”. Un país donde ya ha dado sus primeros pasos y donde, como él, empezó Hollywood.