Viernes,28 de abril de 2017

A Dios rogando...

Resulta paradójico que quienes abanderan la necesidad de cambiar el orden establecido utilicen viejas técnicas para silenciar a quienes amenazan, según su curiosa forma de ver las cosas, su presunta hegemonía política.

Los ciudadanos merecen y necesitan medios de comunicación plurales, necesitan información de aquello que ocurre en sus ciudades y de aquello que hacen o dejan de hacer quienes manejan el dinero de sus impuestos.

Lejos de apostar por el cambio, lejos de contribuir a que los municipios y por ende sus vecinos sean lugares en los que confluyan distintas opiniones y se debata en armonía, hay quien se acoge y se aprovecha de la reiterativa coyuntura económica para tapar bocas, normalmente las de aquellos que piensan diferente. O para intentar hacerlo. Los adalides de la nueva política no hacen si no echar mano de las viejas costumbres cuando les viene bien, en una suerte extraña de venganza contra quienes cuestionan sus quehaceres o contra quienes se atreven a levantar la voz para poner en duda la gestión que realizan.

Una democracia sana necesita de los medios de comunicación, de la pluralidad informativa, algo que no hay que confundir con la información subvencionada. La disparidad de criterios enriquece; la confrontación de opiniones bien entendida dignifica; la fiscalización de la labor política es imprescindible. Pero sesgar y privar al vecino de conocer la realidad desde distintos prismas tiene otro nombre.

Los Ayuntamientos y sus equipos de Gobierno necesitan contar con medios que difundan sus actividades y que canten sus loas cuando sea menester, pero también que pongan el foco y se replanteen las actuaciones que resulten cuestionables, porque esto es el periodismo y esto es la información, y en esto consiste la vocación de servicio público que nos mueve.

Y para esto, en teoría, algunos tomaron la bandera de la regeneración democrática y la intentaron clavar en las Alcaldías, y lo hicieron con la boca llena de ‘transparencia’, con el blasón de la libertad en una mano pero cerrando el grifo con la otra. Mientras, recuperan antiguos vehículos propagandísticos e invierten cantidades ingentes en revistas municipales supuestamente alejadas de criterios políticos.

La libertad de prensa enriquece aunque algunos se empeñen en intentar llevar a cabo bloqueos disfrazados de austeridad o subterfugios que tienen por finalidad acallar las voces discordantes. No lo lograrán.