Miércoles,29 de marzo de 2017

EDITORIAL ALCORCÓN: De la purga de Benito a la purga de Ramón

Por más que la Ciencia, la Historia y el sentido común estén ahí para advertirnos de que no existe la ciencia infusa (sólo los Apóstoles la recibieron como especial gracia divina, y porque eran bastante duros de mollera, según parece), de que no hay remedios milagrosos (si no son las peregrinaciones a Lourdes o a Fátima, y sólo en casos muy señalados) y de que las hermosas utopías conducen inexorablemente a terribles distopías (como la de la marxiana sociedad sin clases, que produjo genocidas como Pol Pot), siempre habrá vendedores de crecepelos, cremas o elixires rejuvenecedores o pastillas adelgazantes. Y siempre habrá compradores de estos falsos remedios, placebos inertes en el mejor de los casos, porque la esperanza, aunque sea vana, es lo último que se pierde. De ahí que el genial Dante, a las puertas del infierno, colocara su famoso verso, que es la mejor definición de la desesperación: “Perded toda esperanza los que aquí entráis”.

Y es de esa esperanza, consustancial a la naturaleza humana, de la que se nutren todos los charlatanes que en el mundo han sido y serán para engañar, en su propio provecho, a los incautos que anhelan soluciones rápidas y milagrosas tanto para los males del cuerpo físico como del cuerpo político. Porque también, en el cuerpo político, existen la alopecia, la obesidad y el envejecimiento. Y cada cierto tiempo, especialmente en tiempos de tribulación, cuando los achaques políticos se manifiestan todos a la vez, surgen los charlatanes de la regeneración: contra la alopecia, largas coletas; contra la obesidad, ejercicio asambleario; y contra el envejecimiento, renovación permanente.

En pocas palabras, la purga de Benito que, como el bálsamo de Fierabrás, iba a curar de golpe todos los males, del cuerpo y del espíritu social: la corrupción, la esclerosis política, la falta de democracia interna de los partidos, el machismo, la crisis económica, el desempleo, la pobreza, etc. Pero ese inicial “podemos cambiar las cosas”, “todos los ciudadanos de todas las ideologías están llamados a participar”, “podemos regenerar la política”, “podemos acabar con el paro”, “podemos acabar con la casta”, (pura propaganda o publicidad engañosa para engordar la cosecha de votos) se ha transformado en “queremos nuestra parte de la tarta”. Y no permitiremos que utópicos, advenedizos, librepensadores o incontrolados que no obedezcan férreamente las directrices del “amado líder” (el hombre que habla a los tarugos, o para los tarugos, tanto da; y que trata como leña o a leñazos a quienes no le bailan el agua), nos priven de nuestro trozo del pastel.

Ya lo dijo Echenique, el otro leño parlante, por orden del que habla a los leños: hay que extirpar las malas hierbas. Y el leñador madrileño, ese que clamaba contra los fondos buitres mientras contaba los beneficios de su personal buitreo con una VPO, ha comenzado, hacha en mano, a talar las malas hierbas errejonistas, desde el grupo parlamentario de Podemos en la Asamblea de Madrid (colocando al anterior portavoz de antepenúltimo de la fila) hasta el último rincón de la geografía madrileña. Véase, si no, la dimisión del errejonista David Álvarez, Secretario General de Podemos en Alcorcón, fruto, según él mismo denuncia, de presiones insoportables, del acoso, persecución y ninguneo al que ha sido sometido, y del expediente disciplinario que le han abierto por no aplaudir a las CUP. Welcome to the real world, que diría Morfeo al despertar una mente enchufada al Matrix podemita. No había purga de Benito contra la falta de democracia, contra la corrupción, contra la pobreza ni nada de eso. Lo que había en realidad es la purga de siempre, la purga estalinista del disidente, la purga de Pablo… y de Ramón.