Jueves,27 de abril de 2017

EDITORIAL FUENLABRADA: Fuenlabrada, farolillo rojo

Pocas medidas hay más objetivas del desarrollo económico y del bienestar social que la renta per cápita disponible, la tasa de desempleo y la tasa de delincuencia. Especialmente en las grandes ciudades, y sobre todo si se trata de la misma comarca o área geográfica, pues las desigualdades entre las rentas más altas y las más bajas son mucho menores, tanto en términos absolutos como en términos relativos. En otras palabras, sería engañoso calcular la renta per cápita media entre Alcobendas y Parla, pues a pesar de que son poblaciones con un número similar de habitantes, la primera duplica a la segunda en renta per cápita. Pero tiene mucho más sentido calcular la evolución de la renta per cápita media, así como también la del desempleo o la de las tasas de delincuencia, por ejemplo, del Sur Metropolitano, cuyos municipios comparten entre sí un entorno cultural y socioeconómico mucho más homogéneo.

Y es aquí donde puede verse que hay municipios que despegan en desarrollo económico, superando con creces la media de la Comunidad de Madrid, y hay otros que son incapaces de alcanzar la media regional. En este sentido, el caso más llamativo, entre las ciudades de más de 50.000 habitantes, es precisamente Fuenlabrada. Entre 2000 y 2014, la renta per capita creció en el Sur Metropolitano un 36,81%, mientras que la media de la Comunidad de Madrid creció un 34,16%. Sin embargo, la renta per cápita de Fuenlabrada, la cuarta ciudad de la Comunidad de Madrid y la segunda del Sur en población, creció tan sólo un 32,71%; cuatro puntos menos que el Sur Metropolitano y 1,45 puntos menos que la media regional. En contraste, Móstoles creció un 34,15%; Pinto un 35,39%; Parla un 36,46%; Alcorcón un 38,28%; Leganés un 40,24% y Getafe un 40,44%.

Llama poderosamente la atención que ciudades homólogas y vecinas inmediatas de Fuenlabrada como Leganés y Getafe le saquen más de 7 puntos de diferencia en crecimiento de renta per cápita a Fuenlabrada en los últimos 14 años. Y esto concuerda con que los últimos datos de empleo muestran que Fuenlabrada encabeza el crecimiento del desempleo en el último mes (519 parados más, hasta sumar 16.466 desempleados) y, probablemente también, la tasa de paro. Como también concuerda con el hecho de que, mientras que las ciudades vecinas de Fuenlabrada ganan trabajadores autónomos, Fuenlabrada los pierde. De ahí que no resulte extraño que Fuenlabrada, según el informe de Securitas Direct, ostente el muy dudoso honor de ser la quinta ciudad más insegura de España y la primera de la Comunidad de Madrid. No es ningún secreto que cuando no hay oportunidades de empleo, especialmente para los más jóvenes, las tasas de delincuencia se resienten.

Por descontado que este atraso relativo de Fuenlabrada en desarrollo socioeconómico no se debe a ninguna maldición bíblica o a que la banca no preste dinero a los vecinos y empresarios de Fuenlabrada. Ni tampoco a la distancia relativa a la capital del Reino y de la Comunidad: ahí están, por ejemplo, Humanes, o Valdemoro, más alejadas que Fuenlabrada de la Puerta del Sol, cuyas rentas per cápita crecieron en torno al 40%, siete puntos más que Fuenlabrada.

El atraso de Fuenlabrada tiene mucho más que ver con un modelo económico y social, que imperó en el sur de Madrid en los años 80 y 90, ya caducado y superado. Un modelo que, quizá por aversión genética a la iniciativa privada, y por afición a crear ciudadanos dependientes del poder político, castiga a las empresas, a los emprendedores y a los ciudadanos más dinámicos con impuestos desproporcionados y con absurdas trabas burocráticas a la actividad económica. El modelo todavía imperante en las dos comunidades colistas en desarrollo socioeconómico, Andalucía y Extremadura. El mismo que ha convertido Fuenlabrada, antaño faro del llamado cinturón rojo, en farolillo rojo del cinturón, y de la región.