Lunes,24 de abril de 2017

EDITORIAL FUENLABRADA: La jaula, invento ruso

En las dos primeras décadas de la Guerra Fría, las terminales propagandísticas del KGB soviético inundaron el planeta con decenas y centenares de mitos y leyendas urbanas que pintaban, para los de más allá del Telón de Acero, un mundo occidental en franca decadencia, a punto de llegar al colapso, donde el paro y la inflación empobrecían paulatinamente a la clase trabajadora, donde las drogas y la pornografía embrutecían y aniquilaban a la juventud y donde los menesterosos agonizaban en las calles sin servicios sociales que los atendieran. Terrible e inexorable perspectiva, inherente a las contradicciones internas de la dialéctica capitalista, de la que los trabajadores soviéticos se habían librado gracias a la revolución de Lenin y a la sociedad sin clases que había construido el socialismo en Rusia.

Tal era la decadencia y la pauperización de Occidente, o así la pintaban los artistas del KGB, que los servicios secretos occidentales se veían obligados, para la supervivencia de sus industrias, a robar planos de los grandes avances tecnológicos soviéticos que habían elevado el progreso y el bienestar general en el paraíso de la clase obrera. La lavadora, invento soviético; los cohetes espaciales, invento soviético; el automóvil, invento soviético; la radio, invento soviético; el teléfono móvil, invento soviético; la aspiradora, invento soviético; la televisión, invento soviético; el hormigón armado, invento soviético; el nudo de la corbata, invento soviético; y así hasta la náusea.

Ni que decir tiene que la propaganda, aunque profundamente mentirosa, era tan machacona que, si bien se daba de bruces con la realidad diaria que vivían tanto los soviéticos y los occidentales, llegó a convencer a más de algún incauto a este lado del Muro de Berlín. Porque no cabe achacar sólo al oro de Moscú la proliferación de partidos comunistas con considerable fuerza en Europa Occidental.

Ni que decir tiene que el automóvil, la radio, la televisión, los cohetes, los electrodomésticos y los teléfonos móviles fueron todos inventos occidentales pirateados por los agentes KGB para su producción en masa en la Unión Soviética. Algo parecido a lo que hicieron, por cierto, los japoneses en los años 60, aunque con unos estándares de calidad que, en el caso ruso, dejaban mucho, muchísimo que desear. Pero es que ni siquiera el pirateo de la propiedad industrial o intelectual lo inventaron los soviéticos, es tan viejo casi como el mundo. Aunque lo que sí que inventaron ex novo los agentes del KGB fue el increíble descaro con el que se apropiaban de avances técnicos y descubrimientos científicos sin siquiera citar su auténtica procedencia, no hablemos ya de pagar royalties.

Y algo parecido a esa guerra de propaganda con pirateo de la propiedad intelectual, típica de la Guerra Fría, está sucediendo en Fuenlabrada, donde un modelo de ciudad y un proyecto político agotado, esclerótico e incapaz de generar progreso, bienestar y nuevas ideas por sí solo (como ya lo estaba la Unión Soviética en tiempos de Kruchov), necesita robarle las iniciativas al adversario y hacerlas suyas para continuar con su tambaleante existencia. Véase, si no, el episodio del campo de fútbol de Loranca, conocido como ‘La Jaula’. Unas instalaciones inapropiadas, peligrosas incluso para la práctica del fútbol, aunque se trate sólo de entrenamientos, por la cercanía de las vallas metálicas que las circundan al terreno de juego (apenas 60 centímetros). Unas instalaciones que carecen de vestuarios, duchas y aseos, saturadas por la creciente demanda de los clubes y dejadas de mano de Dios por el gobierno municipal y, particularmente, por su concejal de Deportes, Juan Carlos López.

Pero hete aquí que a los del PP local les da por reunirse con los padres de los chavales que allí entrenan, y haciendo suya su preocupación y sus demandas de remodelación (que ya son añejas y van para un lustro), no se les ocurre otra cosa que llevar al Pleno una moción donde se propone construir un nuevo campo de fútbol con todos sus servicios (en todos los sentidos lo de servicios). ¡Nunca lo hicieran! Porque el Gobierno municipal, con Robles a la cabeza, denegaron la petición tachándola de “oportunismo político”, ya lo tenían todo previsto para el año que viene. Sin embargo, de algo sirvió la iniciativa del PP, porque el concejal de Deportes por fin se avino a reunirse con los clubes (aunque no con los padres de los chavales), asegurándoles que el nuevo campo de fútbol estaría listo, sólo que en 2019.

¿En qué quedamos, Sr. Calvo? ¿Para 2018 o para 2019? ¿Quieren ustedes mantener el suspense hasta el día de las elecciones? ¿Tenían realmente previsto acometer la construcción del nuevo campo en esta Legislatura? ¿O acaso les molesta que los concejales de la oposición hagan su trabajo trasladando las justas demandas de los ciudadanos al Pleno, revelando al mismo tiempo su incuria y falta de voluntad para resolver un problema real, concreto y no demasiado oneroso que han dejado ustedes pudrirse durante casi un lustro? ¿Tan mal de reflejos políticos andan ya que necesitan apropiarse, sin pagar royalties políticas, de las iniciativas de otros grupos políticos? ¿La jaula, también es un invento ruso? No lo sabemos, pero la forma de gestionar el problema y la información sí que parece prosoviética.