Viernes,24 de marzo de 2017

EDITORIAL FUENLABRADA: El parentesco cotiza en bolsa

Han pasado ya 40 años desde que aquellas películas del cine español de la Transición, recién estrenada la libertad de expresión, nos mostraban con enternecedores sarcasmos los usos, costumbres y vicios del político, de la política y de lo político. De vez en cuando, en las televisiones regionales, en alguna cadena generalista o incluso en La 2 de Televisión Española, podemos encontrarnos con alguna de esas piezas antológicas protagonizadas por Fernando Esteso, Andrés Pajares, Alfredo Landa o Antonio Ozores donde la figura del recomendado (entonces no se decía lo de “enchufado”, después veremos por qué) era el denominador común de todas ellas. Recomendado que, invariablemente, era el pariente vago, con poco talento y poco despierto de alguien importante a quien había que colocar y pagar un sueldo fuera como fuere.

Después de cuarenta años de democracia, ya no hay “recomendados”. En las empresas y, sobre todo, en las Administraciones Públicas, el personal se selecciona por examen o por oposición, atendiendo a los principios de mérito y capacidad. Ya no hay recomendados porque antaño (ojo a la paradoja), en las cuestiones del empleo familiar había bastante transparencia, y si había que colocar a alguien, para que todo el mundo supiera a qué atenerse, se le colocaba con una carta de recomendación a plena luz del día, con luz y taquígrafos. Pero eso va abiertamente contra la Ley en un país democrático.

Hoy no hay recomendados, desde luego que no. Nadie sería tan estúpido como para admitir que ha recomendado y colocado a dedo al cónyuge, al hijo, al sobrino, al hermano o al cuñado, porque eso está definido en el Código Penal como prevaricación. No hay recomendados, pero sí que hay enchufados, que son lo mismo que los recomendados pero en versión vergonzante, ya que, a diferencia de antaño, los enchufados ya no pueden presumir de que los ha colocado el Alcalde, el Sindicato, o el Subsecretario sin correr el riesgo de crearse ellos un problema o de creárselo a su patrón.

Y esto es, precisamente, lo que ha denunciado el sindicato CSIF Fuenlabrada en lo que toca a la bolsa de empleo municipal: que la sección sindical de CC.OO. del Ayuntamiento de Fuenlabrada ha colocado a un pariente de alguno de sus miembros, pariente que, como en las películas de Pajares, Esteso, Landa y Ozores, necesitaba un “empujoncillo”, porque no había aprobado la oposición. Empujoncillo perfectamente legal, alega el Ayuntamiento, aunque choca eso de que una señora que tiene parentesco con algún dirigente de CC.OO., y que había suspendido el examen, esté ahora trabajando en el consistorio, ocupando un puesto que debería corresponder a otro opositor que sí aprobó todas las pruebas.

Nada nuevo bajo el sol, por desgracia. Las bolsas de empleo municipales y, no en menor medida, los procesos selectivos en el seno de las corporaciones locales son, con demasiada frecuencia, recipientes opacos e impenetrables a cualquier escrutinio, como los búnkeres antinucleares, fabricados con hormigón armado y revestidos de plomo, para que ni siquiera las ondas de radio los penetren, y donde tienen lugar los pasteleos de rigor entre el gobierno de turno y los sindicatos de siempre, por aquello de la “paz social”.

Y, lamentablemente, en estos tiempos de hipersensibilidad hacia la corrupción (ya era hora, aunque el furor de algunos conversos resulte a veces trágico y cómico a la vez), se sigue mirando hacia otro lado en un asunto que es, al menos, tan grave como distraer dineros de las arcas municipales. Prueba de ello son los reiterados escándalos de este tenor que se han ido produciendo en los últimos años. En Fuenlabrada, sin ir más lejos, el PP, en enero de 2015, hace justo dos años, denunció un amaño masivo en una oposición municipal: acertó, ante notario, 25 de los 38 que iban a ser agraciados con un puesto de trabajo para toda la vida en el Ayuntamiento de Fuenlabrada. Más finos todavía anduvieron en Leganés, donde también el PP, hace ya más de 7 años, acertó también ante notario 10 de 10.

Por desgracia, en España, en esto del empleo público, todavía están vigentes aquellas entrañables películas de finales de los setenta. Y es que, en España, la familia sigue siendo muy importante. Tanto que el parentesco cotiza en bolsa. Ríanse ustedes del IBEX 35 mientras haya cuñados, hermanos, tíos… y primos que se presentan a las oposiciones.