Viernes,28 de abril de 2017

EDITORIAL GETAFE: Como de aquí a LYMA

Se atribuye a Immanuel Kant la exhortación lapidaria “hágase justicia aunque perezca el mundo”. Terrible sentencia a la que suelen afiliarse de buen grado, como ya hemos recordado alguna vez desde estas líneas, quienes quieren ver rodar cabezas por reales o presuntas injusticias, mientras que sean las cabezas de otros, claro. Otro gran filósofo alemán, Hegel, recomendaba más atinadamente “hágase justicia para que no perezca el mundo”. Y si a esto añadimos que los creadores del Derecho, los antiguos romanos, tenían muy presente el aforismo “summum ius, summa iniuria”, es decir, que el exceso de rigor en la aplicación del Derecho conduce a graves injusticias, ya tenemos suficientes vacunas y antídotos contra el furor justiciero.

Porque ese es, precisamente, el tufillo que emana de la decisión de la Alcaldesa de Getafe, Sara Hernández de despedir, no a 21, sino a 25 humildes trabajadores de la empresa municipal de limpieza y medio ambiente de Getafe (LYMA). Un tufillo justiciero que se manifiesta en la aplicación de la pena máxima de muerte laboral por unas malversaciones de menor calado (a cuenta de las ayudas sociales que la empresa pública getafense ofrece por convenio a sus empleados) cometidas presuntamente por humildes trabajadores que, acogiéndose al vicio nacional desde los tiempos del Siglo de Oro, la picaresca, decidieron al parecer completar sus magros sueldos con un tramposo pellizco.

Llama poderosamente la atención que a Sara Hernández se le hinche la vena justiciera precisamente en el área municipal que tiene más descuidada su gobierno y que más quejas provoca en los vecinos: la limpieza de la ciudad, cuyas calles van adquiriendo paulatinamente esa pátina grisácea, ese color ala de mosca que anuncia allí donde se encuentra el abandono y la desidia. Pero llama todavía más la atención cómo los sindicatos de clase debían estar en el recreo cuando se produjo el presunto fraude con las prestaciones sociales (de cuyas solicitudes y otorgamientos se debe dar conocimiento al comité de empresa), y deben estar de vacaciones mientras la alcaldesa manda a esos 25 trabajadores a la calle.

¿Por qué tanto rigor contra una falta que podría haberse castigado perfectamente con una suspensión de empleo y sueldo o con la suspensión, durante un tiempo prudencial, del otorgamiento de esas prestaciones a los infractores que, en cualquier caso, ya habían devuelto previamente las cantidades cobradas indebidamente? ¿Se echarán a la calle los representantes sindicales de los trabajadores despedidos para protestar por estos despidos? ¿Montarán huelgas y manifestaciones para pedir su readmisión y una sanción justa y proporcionada? Parece que, de momento, no. De momento, parecen preferir la compañía de Sara Hernández a la hora de presentar los libros que editan, como es el caso de Fernández Toxo, Secretario General de Comisiones Obreras, quien requirió la presencia de la regidora para presentar el libro ‘El legado de la solidaridad’ (ojo a la ironía), acto donde la alcaldesa se ratificó, en presencia de Toxo, en su afán justiciero.

Hágase justicia aunque perezca el mundo, parece decir Sara Hernández mientras se enjuga una lágrima ante la indiferencia de Toxo. Y perece Getafe de abandono y suciedad; perecen 25 puestos de trabajo más necesarios que nunca para remediar ese abandono; perece la credibilidad de unos sindicatos que podían haber evitado esa presunta malversación si hubieran cumplido sus obligaciones rutinarias en el seno del comité de empresa y perece la credibilidad de un Gobierno y de una alcaldesa justiciera contra los más débiles, pero humilde y obsequiosa para con los más notorios e influyentes. Véase, si no, el reciente caso, que ya tratamos no hace mucho, del famoso convenio con el Getafe Club de Fútbol. Pero los millones enterrados ‘gratis et amore’ en el ‘Geta’, y que nunca volverán a las arcas del Ayuntamiento de Getafe no son malversación de caudales públicos, no. Los pocos centenares de euros distraídos por los trabajadores despedidos fulminantemente, euros que sí que volvieron a las cuentas del Consistorio, sí que son malversación ¡Como de aquí a LYMA!