Viernes,24 de marzo de 2017

EDITORIAL GETAFE: Homicidas en la calle, policías en la cárcel

Tristes y escandalosos días está viviendo la ciudad de Getafe en lo que toca a la seguridad, o mejor dicho, inseguridad ciudadana. El lunes conocíamos que los dos valientes policías locales de Getafe que abatieron, en propia defensa, en noviembre de 2011, a dos peligrosos narcotraficantes tendrán que ingresar en prisión con condenas de 3 años y nueve meses cada uno.

Cierto que el Tribunal Supremo (¡menos mal!) les rebajó a los dos agentes la escandalosa sentencia de 15 años a 3 años y nueve meses por homicidio imprudente. Notable tirón de orejas a la Audiencia Provincial, dicho sea de paso, que ve rebajada la enormidad de su sentencia de asesinato, a la menos grave de homicidio imprudente. Aun así, la sentencia, esta vez del Supremo, sigue siendo escandalosa, en la medida en que los agentes no actuaron ni con imprudencia grave, ni mucho menos con ensañamiento, sino en cumplimiento de su deber tratando de detener a dos peligrosos delincuentes. Puestos a ser legalistas, ¿por qué no se les aplicó el mucho menos riguroso artículo 142.2 del Código Penal, imprudencia menos grave, penada tan sólo con multa pecuniaria de 3 a 18 meses, que habría sido lo más prudente y razonable, dadas las circunstancias? No es improbable que así hubiera sentenciado el Supremo si la Audiencia Provincial no se hubiera pasado cuatro pueblos, como se suele decir coloquialmente, al condenarlos por asesinato doloso.

De cualquier modo, y como Don Erre que Erre, la Audiencia Provincial no da su brazo a torcer, y como si los dos ejemplares agentes fueran unos chorizos habituales cualesquiera, insiste en que deben ingresar en prisión inmediatamente, sin suspensión de condena a la espera del indulto que ya han solicitado… ¿Por qué tanto rigor contra dos defensores de la Ley que cumplieron con su deber, y por qué tanta condescendencia a la hora de otorgar permisos penitenciarios a terroristas que simulan enfermedades terminales para después retozar en el Caribe riéndose de sus víctimas? ¿Por qué tanta indulgencia con delincuentes habituales que aprovechan los permisos penitenciarios para hacer después de las suyas, y por qué tanto ensañamiento con tres agentes con una hoja de servicios intachable, a pesar de su juventud, que ostentan merecidas condecoraciones por su excelente labor policial y que, hasta el día de hoy, han estado cumpliendo diligentemente con su deber? ¿Qué esperaban de ellos entonces sus Señorías? ¿Qué dejaran escapar a los delincuentes para no arriesgarse a arrostrar una condena injusta y absurda? Las sentencias son ejemplarizantes, así lo dice el Derecho desde la antigua Roma. Y ese es precisamente el problema: que con sentencias como esta, muy pocos policías, por no decir ninguno, se arriesgarán a perseguir a los delincuentes poniendo en riesgo su vida.

Negra semana, decíamos, para la seguridad ciudadana en Getafe. Porque, mientras estos dos policías locales tienen un pie en la cárcel por cumplir con su deber, el martes, una panda de niñatos ociosos, que al parecer estaba increpando e intentando robar a un ciudadano a la puerta del Metro de Alonso de Mendoza, acaba con la vida de un ilustre vecino de La Alhóndiga y colaborador de Mensajeros de la Paz cuando, en presencia de su esposa, porque intentó parar a los agresores. No había ningún policía cerca para parar la agresión, primero a la víctima del presunto intento de robo, y luego al valiente Mariano, que pagó con su vida el intentar cumplir con un deber ciudadano.

¿Qué habría ocurrido si, en lugar de Mariano, se hubiera acercado un agente de policía y hubiera empleado su porra, o su arma, para parar la agresión? A buen seguro que tendría hoy un grave problema: denuncia por lesiones en el juzgado, acusación del fiscal… y un auténtico calvario personal y profesional para explicar que actuó en cumplimiento de su deber. Y eso, con suerte, pues no es nada infrecuente, por desgracia, que quien acaba condenado en este tipo de lances no es el delincuente, sino el policía. No en vano, y mientras escribimos estas, unos homicidas, los que acabaron con la vida de Mariano, están en la calle; y unos policías íntegros van camino de la cárcel.