Jueves,27 de abril de 2017

EDITORIAL GETAFE: Jugadora de chica, perdedora de mus

Ya advertíamos la semana pasada, en la edición de Alcorcón y de Pinto, que Sara Hernández, de estrella emergente en el PSOE, iba camino de convertirse en un asteroide errante. Dio por muerto a Pedro Sánchez fiándose del establishment socialista, y como Susana Díaz no acababa de tomar el AVE para Madrid, decidió acercarse a la órbita de Patxi López, que Rubalcaba lanzó como liebre por si la jefa de la taifa sevillana rechazaba contender por el califato socialista.

Sin embargo, Pedro Sánchez, que parecía cadáver, no estaba muerto, sólo estaba de parranda; y está demostrando una capacidad de movilización de las bases socialistas que preocupa, y mucho, al establishment socialista y, naturalmente, a Susana Díaz. A estas alturas, Sara Hernández debe estar maldiciendo su precipitación al juzgar por las apariencias porque, que nadie se engañe, pocos, poquísimos en política, optan por defender ideas o principios; la inmensa mayoría opta siempre por salir corriendo en auxilio del vencedor. Y quienes quieren ser de los primeros en gozar del botín de la victoria al lado del nuevo líder deben hilar muy, pero que muy fino, para otorgar sus auxilios antes de que la victoria sea firme.

Desde luego que Sara Hernández no es una excepción a la regla general que acabamos de expresar, porque no se le conoce ninguna defensa articulada y coherente de por qué fue sanchista y ahora no, o de por qué se hizo de Patxi y no de Susana. Deseaba, más que otra cosa en el mundo, correr en auxilio del vencedor, pero se pasó de frenada, no acertó con la ocasión. Y ahora, los principales protagonistas del drama que en pocos meses vivirá el PSOE no pueden ser otros que Pedro Sánchez y Susana Díaz. Patxi López está condenado a ser un actor secundario, el tercero en discordia o, en el mejor de los casos, la bisagra para que el PSOE no se parta en dos. Eso si no le hace una OPA amistosa Susana Díaz para que se integre en su candidatura, ante el brío que está tomando la candidatura de Sánchez.

Así que, en el mejor de los casos, porque ya no puede cambiar de caballo otra vez sin sumirse en el más profundo de los descréditos, a Sara Hernández sólo le queda rezar por que Patxi López rechace la posible OPA de la andaluza, seguir rezando para que, además, el ex presidente del Congreso saque más de un 20% de los votos, y continuar rezando para que, en la hipotética negociación para constituir la nueva Ejecutiva socialista, Patxi López se acuerde de que Sara Hernández le brindó su apoyo. Eso si gana Susana Díaz, y con el permiso de Juan Segovia quien, como ya recordábamos en las ediciones de Alcorcón y Pinto, casi le arrebata de las narices a la getafense la secretaría general del Partido Socialista de Madrid y cuando es notorio que apoya a la presidenta andaluza.

Pero si resulta ganador Pedro Sánchez, y hubiera de entenderse a la fuerza con Patxi López, no es descabellado pensar que en el paquete negociador de los sanchistas iría incluida la cabeza de Sara Hernández en bandeja. Más aún cuando la victoria de la actual alcaldesa en la disputa por la secretaría general del socialismo madrileño se debió a que Sánchez inclinó, in extremis, la balanza en su favor. Desde luego que Sánchez, ávido de venganza, no querría perdonarle la traición a López, pero llegado el caso, y para alcanzar la mayoría en la futura Ejecutiva socialista tendría que entenderse a la fuerza con él. Pero en algún cuerpo tendrá que descargar su furor vengativo, y no es descabellado pensar que lo haga sobre el de Sara Hernández.

Dicho de otro modo, y para los aficionados al mus, entre los que se encuentran muchos de nuestros lectores, Patxi López le pasó la seña de dos reyes a Sara Hernández. Y Sara Hernández, que va de farol, se ha jugado, para despistar, tres a grande, veinte a chica y diez a pares, cuando ella sólo lleva dos pitos. De momento, Sánchez ha enseñado otros dos reyes, y Susana ha hecho la seña de duples gallegos. Como Patxi López no lleve 31, Sara pierde el juego, la vaca, la partida y hasta la camisa. Y es que ya lo dice el refrán, jugadora de chica, perdedora de mus.