Viernes,28 de abril de 2017

EDITORIAL LEGANÉS: Cara de titanio, moral de fariseo

Ya anunciamos desde estas líneas que el conato de cesión express de la parcela de oro de Leganés Norte al Club Deportivo Leganés iba a traer alguna que otra polémica. Y ello a pesar del presunto consenso alcanzado entre todas las fuerzas políticas representadas en el Consistorio, aunque no entre todos los miembros de la Corporación. Sutil diferencia que explica el “Teorema de Leguina”, ese que dice que cualquier fuerza política de extrema izquierda es divisible al menos por dos, como ocurre con Leganemos.

Todo parecía miel sobre hojuelas hasta que a los vecinos de Leganés Norte y a la Asociación del barrio les llegó la paciencia al colmo tras observar cómo los políticos no se ponen nunca de acuerdo para terminar la Biblioteca Central, tampoco para hacer algo (si es que puede hacerse algo más que demolerlo) con el esqueleto que iba a ser la Casa de Extremadura, ni tampoco para dotar (en esa misma parcela de oro, por cierto, que codicia el Club Deportivo Leganés) a Leganés Norte de las instalaciones deportivas que demandan los vecinos y que el deporte de base leganense necesita.

Quienes tengan memoria, recordarán que en la pasada legislatura no hubo acuerdo (aunque sí había dinero) para terminar la Biblioteca Central, y para construir un sencillo dojo o pabellón de artes marciales, donde Leganés es una de las grandes potencias regionales y nacionales, basta observar los medalleros. Por eso es lógico que más de 500 vecinos del barrio (que habrían sido muchos más si la Asociación de Vecinos hubiera contado con el apoyo político e institucional y la difusión de la que otras movilizaciones por causas menos nobles han gozado) manifiesten su hartazgo contra el Ayuntamiento y contra los políticos.

Sin embargo, en Leganés hay políticos y políticos. Al menos, PSOE, PP, IU, lo que queda de Ciudadanos y lo que queda de Leganemos asumen su decisión y observan con prudencia, desde la distancia, la protesta de los vecinos, meditando si acaso no han actuado con demasiada precipitación ante la euforia y la presión de la afición. Y es que existían otras alternativas de suelo mucho menos problemáticas que quitarle a Leganés Norte su parcela de equipamientos deportivos. Alternativas como la remodelación, por cuenta del Club Deportivo Leganés, de la ruinosa Instalación Deportiva Butarque donde ahora mismo entrena el Club, o la instalación de esos campos de entrenamiento y vestuarios ‘ex novo’ en una de las parcelas dotacionales de la ampliación de la Ciudad del Automóvil, lindera con Vereda de los Estudiantes, por poner sólo dos ejemplos. O mejor aún, sacar a concurso una de las muchas parcelas dotacionales de que dispone el Ayuntamiento para que el Club Deportivo Leganés pueda adquirirla en propiedad.

Decíamos que en Leganés hay políticos y políticos, porque ¿qué decir del papelón de ULEG y de Carlos Delgado? ¿Cómo se defiende una cosa y su contraria? ¿Cómo apoyar a la vez al “Lega”, al Ayuntamiento y a los vecinos de Leganés Norte cuando es evidente que hay un grave conflicto de intereses? ¿Cómo se acude a una manifestación para protestar por aquello que uno mismo está apoyando en el Salón de Plenos? Es imposible para un político normal, pero el señor Delgado no es un político normal. Y esto es aún más patente cuando el presunto superhéroe vecinal trata de explicar que todo es compatible: la cesión de la parcela al “Lega”, la construcción de las instalaciones deportivas que demandan los vecinos, la terminación de la Biblioteca Central… ¿Sí? Entonces no estaría de más que Delgado explicara también por qué, hace poco más de dos años, votó en contra de construir esos mismos equipamientos que hoy dice demandar también: de la biblioteca y del polideportivo, que hoy ya estarían prácticamente terminados. Lo tiene difícil, a no ser que reconozca que entre sus presuntos superpoderes de superhéroe vecinal se cuentan el tener la cara de hormigón armado y la moral de un fariseo del Sanedrín.