Jueves,27 de abril de 2017

EDITORIAL LEGANÉS: El sicofanta de Leganés

Toda democracia tiene su sicofanta. Ya lo decía Plutarco, el de las Vidas Paralelas, excelso y siempre recomendable compendio de biografías de grandes personajes de la antigüedad grecorromana del que la pluma de Shakespeare bebió muy frecuentemente para trazar algunas de las imperecederas obras del más universal de los dramaturgos ingleses. Una fuente imprescindible, la de Plutarco, –y a veces la única  a la que acuden los historiadores para reconstruir la Historia de Occidente durante los seis primeros siglos antes de nuestra era.

¿Pero qué es un sicofanta? Pues es un acusador profesional ante los tribunales, por cuenta propia o de terceros, por un salario, por afán de notoriedad o simplemente por el morboso placer de perjudicar e infamar a personas mejores que él. No hay que olvidar que fueron tres sicofantas -Ánito, Meleto y Licón-, quienes acusaron falsamente a Sócrates de corromper a los jóvenes atenienses enseñándoles –según ellos  a no creer en los dioses y a emplear la elocuencia para defender una cosa y su contraria. Y lo hicieron por cuenta de los políticos (Ánito), de los poetas (Meleto), y de los artistas (Licón), porque no podían soportar a un pobre anciano que había pasado su vida advirtiendo a los atenienses de la profunda ignorancia y pretenciosidad de estos tres estamentos sociales en la época en que él vivió. Ni que decir tiene que Sócrates los dejó en ridículo en el juicio, demostrando a la concurrencia la mala fe de sus acusadores. Y con la crónica de ese juicio, Platón escribió una de las obras cumbre de la literatura universal, la Defensa de Sócrates. Sin embargo, como en Atenas no había garantías procesales, todo se decidía en voto asambleario, a Sócrates lo condenaron a beber la cicuta.

¿Pero existen en nuestros días los sicofantas, esos personajes de la antigua Grecia que vivían de acusar falsamente ante los jueces de todo tipo de delitos (habitualmente de corrupciones, prevaricaciones y cohechos) a los que tenían algún patrimonio o alguna responsabilidad de gobierno? Desde luego que sí, no tenemos más que mirar a nuestro alrededor, y sin necesidad de salir de Leganés. A Luis Martín de la Sierra, concejal de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Leganés, le había caído el sambenito de la condición de imputado (hoy se llama “investigado”, pero da lo mismo), que en el estado de la opinión pública actual equivale al de precondenado por llevárselo crudo. Y ese sambenito lo ha tenido que arrastrar durante varios meses mientras la Justicia dilucidaba si la denuncia de este acusador profesional tenía fundamento. Algún día sabremos si los motivos de este moderno sicofanta son el dinero, el poder, el sostenimiento de un chiringuito político sobre la base de una falsa reputación justiciera de lucha contra la corrupción o, simplemente, el perverso placer de la infamia; porque Martín de la Sierra no ha sido su primera víctima, ni tampoco, por desgracia, creemos que será la última.

La buena noticia es que el concejal de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Leganés ha sido exonerado por la Justicia, que no ha apreciado ningún delito en su gestión de la programación cultural del Consistorio, pues la contratación de la Ópera Cármen, representada en la Cubierta, contaba con todos los informes técnicos y jurídicos favorables. A diferencia de la antigua Atenas, hoy existen las garantías procesales y quien decide es un juez, no la masa inflamada por los demagogos profesionales.

Pero la mala noticia es que el autor de la falsa denuncia, el sicofanta de Leganés, el Savonarola pepinero, el superhéroe vecinal con cara de hormigón armado, que hasta anteayer mismo exigía por tierra, mar y Twitter a Sara Hernández, Secretaria General del Partido Socialista de Madrid, la cabeza del edil de Cultura y Festejos por su imputación, hoy silba y mira hacia otro lado; y mañana comenzará a preparar la siguiente acusación contra quienes no le rían las gracias, contra quienes no le rindan pleitesía o contra quienes se interpongan en el camino de su perversa y desaforada ambición de ocupar el sillón de La Roca sin dar cuentas a nadie más que a él mismo… o a sus hipotéticos patrones.

¡Ah!, ¿qué quién es el sicofanta de Leganés? Pues un señor que cobra 60.000 euros al año del Ayuntamiento pepinero, que se sienta cómodamente en el Salón de Plenos sin asumir ninguna responsabilidad, que siempre acusa de turbiedades, contubernios, oscuridades y latrocinios a los demás, que lleva la cuenta al céntimo de lo que cobran y gastan los demás (menos de los que están a sus órdenes) y que nunca ha explicado con claridad cómo se financia realmente su marca electoral.