Domingo,23 de abril de 2017

Isabel Ordaz: "La corrupción es una especie de sífilis que se ha instalado en nuestra sociedad"

Isabel Ordaz, prácticamente una más de la familia en muchos hogares de España, está de estreno. Esta vez en teatro, con la obra El Jurado, una producción de Avanti Teatro dirigida por Andrés Lima inspirada en el clásico 12 hombres sin piedad.

La actriz, junto a otros ocho miembros del jurado (Josean Bengoetxea, Víctor Clavijo, Cuca Escribano, Pepón Nieto, Canco Rodríguez, Luz Valdenebro, Eduardo Velasco y Usun Yoon), decidirá sobre la inocencia o la culpabilidad de un político presuntamente corrupto.

Les suena el argumento verdad. Pues de él nos habla la actriz que se viste de gala este fin de semana en Fuenlabrada donde estrena la obra este sábado y domingo en dos pases en el Teatro Tomás y Valiente a las 20.00 y a las 19.00 horas respectivamente.

El punto de partida de El Jurado es cuanto menos interesante.
Es un tema desgraciadamente pegadísimo a la actualidad. Es una excusa para hacer un teatro de reflexión. Necesario, pero al mismo tiempo muy vivo, muy de emociones, de historias personales y discusiones muy calientes. Los nueve representantes de este jurado son un pequeño mosaico del espectro social y entonces se van dibujando entre el thriller y el misterio. Está basado en 12 hombres sin piedad, pero luego sigue su propio camino, tiene sus propias subtramas y el argumento tira pro sus propios derroteros.

Al ser algo tan cotidiano, ¿cómo hacéis para que el público se enganche a algo de lo que se habla todos los días?
El teatro no da respuestas, pero sí abre preguntas y si puede abrir el corazón y la mente, mejor. Entonces, la ficción tiene como componente principal: un hecho poético y desde esa perspectiva lo desarrollamos. Más allá de la noticia o la crónica, que para eso están los periódicos, hablamos esa impronta, esa involucración de lo personal y singular de cada uno de los miembros del jurado en su propia reflexión sobre lo que es justo y lo que no, más allá, sobre hasta que punto la libertad puede encontrarse, las miserias de cada uno...que es lo que no da la información general.

¿El público en general, políticos incluidos, nos hemos olvidado que detrás del dirigente está la persona?
Individualmente no conoczco a ninguno. Mi relación con el poder es más bien humilde (ríe). Pero los políticos, como los alfareros o desollinadores, pues son personas. Esto es lo que tiene el arte: la creación. Es insustituible el hecho de que las historias pasan de ser anodinas, como parte de una estadística a ser personales, a tener ojos, rostro, nombre y hablar de la propia vida con un lenguaje de la poética y no de la información.

¿Qué papel juegas en todo el proceso de 'El Jurado'?
En la tradición de las historias de juicios, normalmente, no se dan los nombres. Si tienes en la memoria 12 hombres sin piedad, tienen un número y yo soy en este caso la jurado número 2. Represento un poco al pueblo, en el sentido del estrato de la capa más humilde. Soy una mujer de la limpieza a la que han llamado junto al resto de compañeros y, de alguna manera, representa ese aspecto más sentimental, más temperamental, más del instinto de la justicia y no tanto del argumento. Con una historia personal muy al límite, ciertamente triste, pero también con mucha fuerza y sentido del humor. Ella a su modo y manera da su opinión sobre lo que tiene que ser el veredicto.

¿Te ves en realidad dentro de un jurado?
Sí. Es verdad que es una situación un poco incómoda, porque en última instancia la verdad es inaccesible. Y entonces un juicio, que es lo más cercano que tenemos a la verdad sobre el hecho de juzgar a otro, yo me pondría muy nerviosa (ríe), pero trataría que hacerlo como pudiera. Es un compromiso, pero en última instancia, aunque haya pruebas siempre quedará la sombra de una duda.

Me hablas de '12 hombres sin piedad', donde el atmósfera es agobiante y claustrofóbica en ocasiones. ¿Eso también aparece en 'El Jurado'?
El montaje de Andrés me gusta mucho. El público decidirá desde luego, pero creo que ha partido de otros elementos. Sí que es verdad que existe esa atmósfera que dices, pero volví a ver la película y me interesó mucho más el paso del tiempo, que era algo muy notorio. Además, el autor se guarda un as en la manga y eso cambia el planteamiento y aquí lo que se viene a decir es que corruptos somos todos a este paso. El otro día escuchaba que hay 2000 casos de corrupción que tenían que ver con partidos políticos y se acumulaban en los juzgados. Entonces aquí lo que se está juzgando, aunque sea metafóricamente, es el sistema. ¿Cómo es posible que no revisemos un sistema que propicia esa estadística tan elevadísima de casos de corrupción?. No estamos juzgando solo a un señor que se quiere apropiar de lo ajeno sentido bíblico. No. Estamos hablando de que la corrupción es una especie de sífilis que se ha instalado en nuestra sociedad y que abre o cuestionaría preguntas de mayor calado.

Hablamos de excesos y miserias, pero digo yo que algo bueno le quedará a esta sociedad. ¿Esa ventana al aire limpio se abre en la obra?
Sí. De hecho se optó por una salida, al menos una hipótesis donde alguien no se vende. En este caso, justo o justa, no te desvelo si hombre o mujer (ríe), hay alguien que no renuncia a sus principios. (Hace una breve pausa) Si uno lo piensa un poco, al final nos corrompemos por cosas infinitamente pequeñas. Los casos de corrupción no se inician por grandes orgías de dinero, que también, sino por cosas muy pequeñas. Un primer paso que lleva a otro y a otro. Un reloj, un zapato de tacón, un abriguito... , por el hecho de parecer que uno es más que el otro. Entonces, esas pequeñitas cosas son el alma de la corrupción.

La máxima de que uno se corrompe al nivel que puede y hasta donde llega
Sí. La semilla son siempre pequeñas cosas, pequeños confores, o parecer más guapo que el otro. Por ejemplo, Napoleón no es un corrupto, quería conquistar la Tierra. Había una épica. En la corrupción no hay ninguna épica. No digo que Napoleón sea un buen hombre eh (ríe). Por eso la corrupción es una miseria. Por eso le llamo sífilis que te lleva a lo peor.

Cambiando de tercio, un estreno de teatro que se solapa con la nueva temporada de La que se avecina.
Es mucho trabajo y doy gracias a la vida por ello, pero lo he podido cuadrar muy bien. El rodaje de la temporada de La que se avecina terminaba justo antes de iniciar los ensayos de El Jurado. Que se me solape una cosa con la otra normalmente lo evito, porque no me da tiempo a descansar y porque las dos cosas son muy difíciles para mi de llevar a cabo. Y eso que soy muy curranta, porque estoy editando un nuevo poemario, estoy estudiando ahora en la UNED y no paro (ríe).

Ese papel de La que se avecina, como el de Aquí no hay quien viva, te ha dado mucha fama entre el público en general. ¿Te preocupa que por la serie te encasillen?
La verdad es que no. Es nuestra manera de vivir. El teatro atraviesa una situación muy difícil y tengo mucha suerte. Tengo, en paralelo a la televisión, una trayectoria en teatro muy interesante y la gente de teatro y que le gusta lo sabe. Es verdad que cuantitativamente eres conocida porque la televisión la ven millones de personas. Que lo pasen bien y me alegro por ello, es mi profesión, pero voy haciendo mi camino en teatro con mucha salud y mucha suerte.

A lo que iba es que con un papel así tan reconocido es fácil acomodarse. ¿Sigues buscando nuevos retos?
Siempre. Soy la Maridesafíos (ríe). Acomodarse nunca, me aburro muchísimo. Y además estar mucho en una serie no es sinónimo de acomodarse. Encima hay una visión distorsionada de esto, porque yo no estoy en todos los capítulos. Lo que pasa que como lo repiten y repiten, entrar en ese debate es absurdo, porque no tiene que ver con la realidad. Otra cosa es que la gente y la audiencia hable o diga. Pues bien. El éxito no hay que rechazarlo y la gente se lo pasa bien y ya está. Para mi, como decías, necesito nuevos retos y los busco y los encuentro.

Y el teatro siempre será esa vía de escape.
Sabes que pasa, que en teatro cuando no me gusta el proyecto o no aporto nada al personaje ni él a mi, no lo hago. Porque el teatro te compromete entera. En alma, corazón y vida. Con lo cual todos los personajes que he hecho me he enamorado de ellos. Este mismo de El Jurado por ejemplo, porque es una obra muy coral y no siendo un papel protagonista, me está aportando perspectivas muy buenas, experimentando emociones como la rabia o la injusticia y el misterio. Como verás, soy una entusiasta (ríe).