Domingo,23 de abril de 2017

El libro impreso: entre el ocaso y la esperanza

El papiro y el pergamino -el primero en Egipto; el otro, en Occidente- brillaron con luz propia durante siglos en la elaboración y difusión de mensajes. A partir del siglo XIV esa posición de poder pasó a ocuparla un material más barato y elaborado mediante pulpa de celulosa: el papel. Éste, que se difundió especialmente por el Viejo Continente, comenzó entonces una apacible hegemonía en la edición de libros que ha durado hasta nuestros días.

Ahora, tal supremacía se ha visto debilitada. Y tres han sido las razones: la grave crisis económica acaecida en 2008; el desarrollo del e-book, también conocido como libro electrónico; y la piratería. Unas inclemencias, sobre todo esta última, que afligen al sector. La escritora Dolores Redondo, durante el pregón de la 74ª edición de la Feria del Libro de Madrid, lo manifestaba así: “La piratería mata. La piratería que roba y que además arrebata el orgullo del trabajo, la esperanza del éxito, los recuerdos y las emociones que volcamos en nuestras obras y nos deja la humillación y la rabia de sentirse maltratado”.

Pero desde el fatídico instante de la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, la caída a los infiernos del sector editorial ha sido pronunciada. Ese año 2008 había en España 7.074 librerías; el pasado año, 3.650. Es decir, en apenas seis años más de la mitad de estos establecimientos han echado el cierre, según el Mapa de Librerías de España 2014, elaborado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). 

En este sentido, dos golpes para que el sufrimiento sea mayor y continuado en el tiempo se producen en 2014, cuando un total de 922 librerías cerraron a causa de la crisis y el montante de ventas de libros pasó de los 757 millones de euros facturados en 2013 a los 707 de 2014, un 6,5 por ciento menos. El sector, así, se encuentra herido de gravedad.

Feria del Libro

En la obra de Julia Navarro ‘Dime quién soy’, un joven periodista narra a su abuela, sin él saber que es su nieto, todo su pasado de aventuras. Amalia Garayoa, la protagonista, hacía tiempo que había dejado de recordar. Y al igual que le ocurriera a la noble anciana, el libro impreso ha perdido su identidad con el paso de los años.

Sin embargo, para tratar de evitar el ocaso del papel llega la Feria del Libro 2015 de Madrid entre los ardientes deseos de editores y libreros de que la senda positiva de ventas en este tipo de eventos continúe. Así ocurrió en este acontecimiento el pasado 2014 y en la festividad de Sant Jordi en Cataluña del mes de abril. En su 73ª edición, la Feria obtuvo un 5 por ciento más de ventas que en 2013, mientras que en el Sant Jordi de este año la facturación aumentó hasta en un 6 por ciento en comparación con 2014.

El lema escogido en esta ocasión para que el sector resurja de sus cenizas son dos versos de un poema de José Ángel Valente: ‘El amor está en lo que tendemos / (puentes, palabras)’. Y de tender puentes entre libros y lectores es de donde nace la magia de las páginas del papel, el saber y el conocimiento. “Vivir sin leer no sería vivir, sino un sucedáneo insoportable de la vida”, reflexiona la autora Almudena Grandes.

Para los seducidos por la poesía, para los amantes de la narrativa o para los fieles del ensayo histórico o político, la cita es obligada. Entre el 29 de mayo y el 14 de junio, la cualidad mágica y oculta de la literatura impresa se muestra en las 378 casetas -con sus 471 expositores- instaladas en el Paseo de Coches de los Jardines del Buen Retiro. En su interior, los más de 3.000 actos de firmas con autores como Antonio Muñoz Molina, Martín Caparrós o Javier Cercas suponen otro reclamo para que jóvenes y mayores ávidos de emociones nuevas se adentren en otros mundos de fantasía o de pura realidad.

Con ello, la conmemoración en las obras de autores como Ana María Matute o Dámaso Alonso sirven, además de para recuperar la belleza de sus versos y prosas, para que el sector editorial recupere la esperanza perdida una mañana de 2008. Porque como dice José Luis Pardo, “la miseria de un mundo sin libros haría de nosotros, de pronto, unos completos desdichados”.