Jueves,30 de marzo de 2017

Marcos García Rey: "Quien lee papel hoy en el Metro es ya casi una rara avis"

Marcos García Rey ejerce el periodismo de investigación de forma independiente y libre. Su afilada pluma le ha valido para escribir en importantes cabeceras de este país como La Vanguardia, El Periódico de Cataluña o El País, además de otras ediciones internacionales como The Sunday Times o Le Soir.

Su faceta como escritor se deriva de la profesión periodística y, aunque ha publicado varios libros sobre política internacional y otros conflictos (El 11-M en la prensa árabe), se ha "atrevido" a publicar por vez primera un libro sobre poesía titulado Lengua(s) de cobre, y además con bastante éxito, ya que fue galardonado don el Premio Gil de Biedma 2012.

El escritor y periodista habla para Al Cabo de la Calle sobre esta publicación y otros temas de actualidad que afectan al gremio.

Cuéntenos, qué se va a encontrar el lector en este poemario

Lengua(s) de cobre es un libro libérrimo en su sentido más amplio. El lector encontrará en él una poesía que formal y temáticamente se presta poco a las ataduras. Sus versos vuelan libres entre el lirismo más personal y el realismo más sucio. Se trata, sin duda, de una literatura que busca lectores sin escrúpulos y abiertos de mente.

¿Qué ha intentado reflejar con esta públicación?

Uno de mis poetas preferidos es Wallace Stevens, quien decía que “el poema debe resistir el examen de la inteligencia”. Cuando escribo poesía, además de concebirlo como un ejercicio de libertad y de ficción, busco precisamente eso, que el resultado final pase el filtro de la inteligencia. Ese es mi mayor propósito.

Usted ya ha escrito otros libros de diversa temática pero, ¿es la primera vez que se adentra en el mundo de la poesía?

Es la primera vez que publico poesía, pero llevo escribiéndola hace mucho tiempo, aunque absolutamente nadie lo supiera. Es cierto que nunca me había planteado sacarla a la luz hasta hace unos meses cuando me puse a ordenar un poco todo el material acumulado y darme cuenta de que ahí había versos para orquestar más de un poemario como éste.

¿De dónde viene la inspiración para escribir sobre este género?

A todos, la experiencia vital nos proporciona continuamente pensamientos literarios. Hay quien los anota para no olvidarlos y los transforma en palabra escrita. No soy una excepción. Algunos de ellos acaban conformándose en versos. Ese primer paso es simple. Sólo se necesita de una moleskine y un bolígrafo. Luego llega  la labor más compleja de intentar componer un poema basado en dos o tres anotaciones. Y eso sólo se hace con el culo, como decía el periodista polaco Ryszard Kapucinski, es decir, sentándose a trabajar y escribir.

¿Tiene la poesía un público definido?

Bueno, parece que sí. Se calcula que en España hay sólo unos cuarenta mil lectores habituales de poesía. Es decir, no llega al uno por ciento de la población. Desde un punto de vista cuantitativo, sí parece que esté muy definido. Ahora bien, esa minoría es heterogénea. No todo lector de poesía es profesor universitario. Vicente Gallego, uno de los poetas vivos más prestigiosos, es empleado de un vertedero de basuras.

Entre tanto bet-seller que llena las estanterías de las librerías, ¿tienes posibilidades la poesía de hacerse un hueco?

Lo tiene. Es más, en algunas librerías como La Central el espacio reservado a la poesía es diáfano y generoso. La poesía es mucho más antigua que el ensayo o la novela, pues nace de la expresión oral. Este género ha sobrevivido a todas las grandes tragedias de la historia del hombre y, mientras haya hombres, seguirá existiendo. A pesar de los mercaderes de la literatura y al margen del formato en que se presente, la poesía siempre tendrá un hueco en la sociedad, aunque por momentos sea minúsculo.

En un plano más general, ¿cuándo surge su vocación como escritor?

La verdad es que la mayor de mi vida me la he ganado contando historias, tanto en el ejercicio del periodismo como en la investigación académica. Así que escritor siempre me he sentido. Cuando uno adquiere la costumbre de escribir, pasar de un género a otro no es difícil.

Desde un punto de vista literario, ¿cómo ve el panorama de la cultura en España?

Me lo pone usted muy fácil. El ingenioso hidalgo es un trasunto de la cultura española de ahora y de siempre. Una cultura llena de creatividad e imaginación que a menudo se topa de bruces con una realidad social, económica y política castradora. Y esto parece va a empeorar en los próximos años.

Es obvio que la crisis está afectando a todos, también a los escritores, ¿ha tenido dificultades para publicar el libro?

No, porque el libro es fruto de haber ganado el Premio Internacional de Poesía Gil de Biedma, accésit del Ayuntamiento de Segovia. A día de hoy, los escritores de poesía que no están entre los más conocidos sólo pueden publicar si son galardonados. Es ése mi caso.

Se dice que el papel está abocado a su desaparición, ¿cree que resistirá el boom de las nuevas tecnologías?

En el caso de los medios de comunicación, mi opinión es que en un decenio no habrá prensa en papel. En el caso de los libros, quizás tarden un poco más en desaparecer, pero también lo harán más pronto que tarde. No es un deseo, es un análisis. Uno va en el metro por las mañanas y casi todos los pasajeros trasteamos con el smartphone para leer información y para comunicarnos. Quien lee papel hoy en el metro es  ya casi una rara avis.

Y por último, ¿la lectura puede ser un buen remedio para superar estos tiempos complicados?

La lectura es una satisfacción, más que un remedio para nada. Leer no te garantiza ser más feliz, pero a mí, al menos, me divierte. Esta crisis no ha sido provocada porque la gente lea o no lea, sino por la avaricia infinita del ser humano, por políticos corruptos, por banqueros que ejercen de banqueros sin ser regulados, o por ciudadanos inconscientes que querían tener un mercedes, dos casas, una thermomix y viajar a Tailandia sin pensar en las consecuencias de contar con un patrimonio ficticio a crédito.


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